Just Another Wall

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La maquina

Continuo con la narrativa, espero que les guste. 

Desistió de la comodidad implícita que le producía solamente mirar aquel insignificante trozo de vela que le quedaba. Sintió que debía darle algún uso hasta que se extinguiera y con ella se agotaran las pocas energías del día que le quedaban. Así que desfiló torpemente por el pasillo de madera con la vela en la mano, la parafina que goteaba le hacía sentir vivos sus duros dedos del resto de su ebrio cuerpo. Los cabellos que libres saltaban de su cabeza llena de pensamientos terminaban volando como moscas dirigiéndose con gracia hacia la blanca luz que generaba la vela, tal vez disgustados de todo el escenario de ideas patéticas de las que se debían sostener. El sonido que producían al chamuscarse le recordaba los ruidos de la pólvora al final de año. Sacudió la risa, la música y el resto de alegorías de sus recuerdos que contrastaban adecuadamente con los lamentos que pronunciaba el piso de madera ante sus pasos lentos.

-¿Y si nunca lo lograré de nuevo? Tengo que decirle que es su culpa, creo que ahora si estoy roto.

Terminó su marcha al voltear por el pasillo y llegar a la puerta del viejo estudio. Dos grandes muros de libros y de papeles deshojados canalizaban su vista a la maquina de escribir Triumph que había heredado de su padre y este del suyo. Todo lo que llenaba ese cuarto de antigüedades imponía un respeto que solo podía ganarse con centenares de años, donde lo único joven era él y en sus cuentas ya llegaba a 52. Se acercó hacia el escritorio y depositó a su, ahora más enana, vela en un tintero vació al costado derecho. Con sutileza sacudió el papel del polvo, por que esté también se había ganado su residencia en dicho cuarto y con habilidad lo metió a la maquina de escribir. Necesitaba redactar una correspondencia que lo mantenía en vilo pero habían pasado muchas horas sin electricidad, pensaba tal vez que había olvidado pagar la factura pero la causa real había sido un gato que subió a lo alto de un poste para ver la luna, una escena que no terminaría tan romanticamente como esperaban ambos.

Dejo descansar su lánguido peso en la silla cómoda y vieja, acomodó mejor la hoja amarilla en la maquina y la aseguró con el mecanismo de presión. Entonces estando todo en su lugar, empezó a sonar aquella deliciosa canción mecánica que se da al redactar: ”Querido Henry. Aun no he descansado mis ojos y mi mente de uno de tus manuscritos y ya estoy leyendo el otro. Tu prosa honesta, cruda y con algo de humor me han deleitado mucho. Son mínimas las observaciones que debo mostrarte y hay un par de inquietudes sobre el desarrollo de la historia que quiero discutir, que en esta carta no extenderé. Podremos leerlas juntos si quieres, tú decide el día. Pero lamento mucho decirte que no puedo leerte más, desde que te he leído mi vida de escritor se ha deteriorado. Temo que termine de aceptar que soy más bien un editor y vaya que soy bueno para eso, ¿eh amigo? Tal vez hasta no estén lejos de la razón aquellos que dicen que eres un escritor maldito.” Sacó la hoja y se aseguró de haber cometido errores mecanográficos. Le dio otra revisada con lo cual quedó conforme.

Enrolló la vieja hoja y la insertó en una botella de bourbon vacía que permanecía al pie de la ventana. Le puso su respectivo corcho. Y la lanzó por la ventana que asoma a una colina que terminaba en un arroyo. La botella hizo muchas acrobacias antes de aterrizar en la grama y descender por la ladera.

-En realidad, ahora si definitivamente creo que estoy roto.

Se restregó su rostro con ambas manos, las arrugas por un momento se estiraron. Dio media vuelta y fue a buscar más bourbon.

Borrador 10 Mayo/2013

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La hojarasca

No está terminado y carece de titulo [al menos el provisional no le va bien]. Pero así como esta quería publicarlo espero que les agrade un poco. Viendo las ultimas estadísticas. me aventure a escribir algo un poco diferente a lo que acostumbro.  

El sol se paraba imponente en lo alto, lo miraba filtrarse bajo las raras hojas de un par de árboles de caucho que crecían tímidamente entre muchas ceibas. Su estomago parecía cantar con voz gutural, así que tomó uno pocos sorbos del agua que le quedaba. Hacia demasiado calor que se le hacia díficil pensar, la humedad también era muy alta que el alivio que le daba las sombras de las copas era poco. -¿Acaso tenia que conocer ese sendero hecho por los tejones? ¿no podía simplemente creer que los tejones no existen en esta espesa selva?- se preguntaba constantemente. Aquella herida, que no lo dejaba de llamar, interrumpió sus lamentos, al mirarla veía expuesta la sangre y la carne ya tornada del color de la tierra y solo Dios sabrá  que otras cosas cargará esa gran abertura vertical a lo largo de la pierna. No sabía si había sido una rama o una piedra, el caso es que ya estaba ahí cuando los gritos de una sorpresiva y larga caída habían terminado. Sospechaba también que algún hueso se había comprometido, pero no sabia diferenciar el dolor de una fractura al de una herida superficial. Igual el dolor era mucho tanto como para no poder caminar.

La garganta no le daba más para pedir auxilio, algunas uñas se le arrancaron de tanto arrastrarse. No se había apartado tanto del camino por donde lo guiaba una expedición. Pero tal vez la expedición se haya alejado de él. En sus intentos de regresar, la ladera húmeda y llena de hojarascas le había jugado varias malas pasadas, deslizándose en muchas ocasiones, recibiendo la tierra orgánica en el rostro como si la misma selva le escupiera. La herida empeoró más, al igual que su suerte.

El hombre yacía en una hojarasca ya no tan espesa. Ahora sentado, dirigía su mirada hacia el batallón de árboles, los cabellos de luz que alcanzaban a tocar el suelo se veían comprometidos fugazmente por grandes aves atravesaban el cielo, podía escucharles pasar.

Ahora estaba tranquilo, se había desmayado un par de veces por el dolor que ya había aprendido a lidiar. Revisó su cartera, por esta vez se fumaría con anticipación el cigarrillo que siempre solía prender después de la cena. En momentos como ese, es mejor construir costumbres nuevas así sean fugaces. Encendió su cigarrillo e ingirió una buena cantidad de humo que llegó hasta su estomago. Lo dejó salir lentamente formando figuras, sin embargo algo de tos entorpeció el proceso haciendo más surrealistas las formas de humo que hacia. -Al menos si la selva me traga, ahumemosle un poco la carne- se dijo. Aquellas formas que creaba por leve tiempo funcionaban como espantapájaros para  unos cuantos mosquitos que no lo dejaban en paz.

La noche caía, abundaban una docena de lo que eran cigarrillos a su alrededor. Ya acumulaba 9 horas sembrado en esa hojarasca. Revisó con su magullada mano el cuchillo que colgaba de su cinturón una vez mas, todos los turistas solían compran uno con un bello estuche de cuero tal vez con un par de grabaciones de un aprendiz de peletero, a pesar de que ninguno de esos ingenuos llegaba a hacer uso de ello mas que para quitar la cobertura de alguna fruta o sacarse la mugre de las uñas. Cosa que en los inexpertos no terminaba del todo bien. Harry tenia una diminuta cicatriz reciente en la punta de uno de sus dedos.

Pensó en ese momento que ya no podría leer aquellos libros que siempre había dejado pendientes por las ocupaciones que mantenía, ni mucho menos empezar a escribir cuando tuviera la suficiente valentía. Había supuesto que después de leer mucho la transición seria más fácil. Pero ahora no podría comprobarlo.

El sonido al desprender el botón que aseguraba el estuche de cuero le producía mucho placer, desnudó el cuchillo y deleitó un poco la vista con él. Vio su rostro distorsionado en el lustroso acero, imaginaba todas la utilidades que tenia un cuchillo para sobrevivir, pero no se detenía en ninguna que le ayudará a salir del critico percance en el que yacía. -Tal vez escape con esto, se me acaban los cigarrillos y no se cuanto más resistiré- sonrió lúgubremente. Pero esa sonrisa que sostenía su cigarrillo se esfumó, sus labios divergieron dejando caer tanto el penúltimo cigarrillo como unas gotas de saliva con nicotina que había acumulado.

Ahí estaba, asomando su cabeza entre una de esas gigantes ceibas. El animal no fue tan cauto, reconoció que se había delatado pero no apartó su mirada. A Harry le temblaba la mano, tuvo ganas de llorar, de decir mil blasfemias y a la vez mil oraciones. Pero sabia que no tenia tiempo, se echó rápidamente una señal en cruz en su rostro que terminó con la carne desnuda de alguno de sus dedos sin uñas besando la piel de su frente. -Espera ahí- le dijo a la criatura – es mejor recibir a la muerte en pie- tenia la esperanza que le entendiera.

Pero el animal se impacientó, hizo un gruñido no tan salvaje, y empezó su carrera agílmente hacia Harry. Este no esperaría a que las fauces de la fiera llegaran para desprender su carne. Alcanzó a observar, con la poca luz que se le permitía, que el animal que venía en embestida no era mas grande que él. Calculó el momento, se abalanzó con la fuerza y torpeza que su pierna herida le permitía. Con el brazo que sujetaba el cuchillo dibujó un arco plateado en el aire, le atinó al cuello. El perro exclamó un delicado chillido. Su rescate empezaba a agonizar.

-¡Maldita sea! Perro hijo de puta ¿por qué mierda no ladraste?- La sangre de su herida también salió para acompañar a la del pobre animal.

Entropía

Fumaba mirando todo lo que le permitía la vista desde ese octavo piso. Pensaba que a la noche le faltaban algunas nubes, así que creaba las suyas propias ayudado por el denso frío de las 03:47 y el muy buen tabaco del que tanto había presumido el anfitrión. Apoyaba su peso contra la baranda que lo separaba de la ciudad, era el ultimo hombre de pie en una incursión de una botella de whiskey de 20 años, un ron, una horda de cervezas y así sucesivamente hasta llegar a una caja de vino que no costaba más que un paquete de cigarrillos. Cambió la postura para descansar los brazos, uno de ellos fue a ayudar a sujetar el cigarro mientras daba una gran calada. Vio su blanco brazo sonrojado por el roce durante tanto tiempo con la baranda, se quedo en trance mirando como lentamente desaparecía la marca de su blanca piel sin ni siquiera fijarse en lo que ya solo eran frágiles ruinas de cenizas que se esfumaba de sus dedos.

-Es igual… algún día esa marca tan notoria que dejaste, desaparecerá- sacudió su mano y dejo volar libremente la colilla quemada… luego bebió una gran cantidad de vino que le devolvió la gravedad.

Confieso que al escribir esto me dio muchísimas ganas de un buen whiskey de malta y un paquete de Malboro y no al contrario. Al no tenerlos y con este antojo incontrolable… . No pude desarrollar otro argumento sino que tuve que darle punto final con prontitud. Beber, fumar y amar es un delicioso éxtasis. 

City

3 años de cafés sin azúcar.


Ayer recibí la notificación que el blog lleva 3 años en este servidor. Le sumo los otros 5 que tenia en su antiguo lugar
.  Muchas gracias de nuevo a los que se toman el tiempo de pasar por este lugar. J.G.

“Un libro no debe requerir esfuerzo porque la felicidad no debe requerir esfuerzo.” J. L. Borges

Aun no había anochecido pero los grillos adelantaron su sinfonía. Paseaba deambulando hacia la cafetería, el camino a casa era largo al igual que su cansancio, necesitaba un café para regresar. Así que se dedico a explorar con su mano, aventurándose de nuevo a intentar convertir los pedazos de papeles con notas que llenaban sus bolsillos en billetes, aunque no tenia ningún talento alquimista, ya era su costumbre jugar a ello.

Desistió al llegar a una mesa y no encontrar solución. Perdió su mirada repasando la situación triste que sostenían sus bolsillos y el café que parecía evaporarse entre sus deseos. Recordó un chiste sobre la calvicie de uno de sus profesores y su semejanza financiera en el momento.

– ¡Ey! leí tu poema, es genial- Interrumpió alguien cuyo nombre no conocía.- ¿Te puedo invitar un café?- Sus ojos brillaron.

– Gracias, que oportuna – a pesar de la asombrosa coincidencia omitió cualquier chiste sobre superpoderes que se le venían a la mente- En realidad no era tan bueno como otros que participaron. Aun no entiendo porque fue publicado.

-Eres bueno escribiendo, deberías dedicarte a eso de lleno y convertirte en escritor. Voy por el café- Dio una vuelta seguido de una especie de contoneo.

Ya era la tercera vez que le mencionaban eso en el día. Aunque lo había evitado está vez no pudo definitivamente meditar en ese asunto. En cuanto a todo este ámbito de letras siempre había tenido más vocación por la lectura que por la escritura, en parte es la misma situación que refleja el hecho de que era mejor escucha y, de cierta manera, un torpe en las artes de oratorias. Era introvertido y contundente sin que esa mezcla llegase a un punto de genialidad.

 Sin embargo, sentía mucha empatía por ese estado de comodidad. La tranquilidad de leer era irreemplazable con el dilema de escribir.

-¡Se me olvidaba! ¿con azúcar? –

-Sin azúcar esta vez, muchas gracias de nuevo- Sonrió como si pusiera puntos suspensivos cuando escribía una oración. La vigiló marchar nuevamente.

– Tal vez ella si me permita leerle- pensó.

French_coffee_by_JenJens_Journey

Minientrada

Un viejo libro sin hojas dobladas.

Un pequeño intento, espero que les agrade… a los que cuando pueden me leen

Había llegado al pueblo en la madrugada, cruzando por un corredor de basaltos que daba paso a los campos cafeteros, simétricos e interminables, el aire se le hizo más frío y no volvió a sentir la brisa que se condensa en el Valle, No había nadie en la estación cuando el bus arribó. Cruzó las baldosas de la salida cuarteadas por la presión de la hierba. Digiriéndose a un puesto de comidas protegido bajo la sombra de un par de almendros donde una señora ponía cuidadosamente el carbón en el asador. Pidió un café negro sin azúcar y de su maleta sacó unas galletas integrales, era lo único que consideraba un desayuno.

Se dirigió directamente a la librería, mientras simultáneamente sacaba uno de sus cigarrillos del bolsillo. Tocó la puerta, mientras esperaba algún llamado. Al minuto de esperar, sacó el encendedor, besó la punta del filtro de un cigarrillo y la aferró al lado derecho de sus labios. Unas cuantas veces presionó el sistema de chispa del encendedor sin éxito alguno. Volvió a tocar a la puerta así tal vez la suerte del momento le cambiaba. Había escuchado muchos ruidos en ese momento, el de los pájaros, el de siete campanazos, pero solo se percató del sonido de la motoneta hasta que esta se detuvo al lado de él.

-Buen día ¿que se le ofrece?- preguntó una chica,

-Buen día. Soy Robert, el asesor de la editorial.-

-¡Ah claro! No lo esperaba tan temprano, mi nombre es Paula. – interrumpió ella.

-Soy quien respondía sus cartas. Es un gusto por fin conocerle, como verá esto… estamos muy interesados en su copia inédita del Fantasma de Canterville.- mencionó Robert terminando la frase oportunamente con una sonrisa que irónicamente ocultaba cierta felicidad a cambió de formalidad.

-Venga entremos, veo que no es muy bueno con el frío de la mañana- Se bajó de la motoneta sonriente y paso hábilmente a encontrar la supuesta llave de miles que parecía llevar en un mismo llavero, fue la precisa cuando la cerradura cedió. El ruido de la puerta de metal al abrirse se escuchó por toda la calle, algunos perros vagabundos despertaron.

La librería parecía más una vieja biblioteca privada. Se fijó en los primeros libros apilados en el estante, habían libros de literatura latinoamericana: Maria, El Tunél, El coronel no tiene quien le escriba, El Aleph, Pedro Páramo, ¿Tortilla Flat? Los demás libros invernaban en estantes de madera que llegaban del suelo hasta el techo y recorrían hasta algunos pasillos que aun no sabia donde iban a dar. La cantidad de libros no llegaba a llenar el espacio de todos los estantes sin embargo más libros vivían en esa librería que personas en todo el pueblo.

-¿Puedes dar una ojeadita mientras preparo café? el frío no es tan agradable sin su sabor y su temperatura en el estomago.- Mencionó ella cuyo cabello ahora le parecía un poco más claro a Robert. Siempre se distraía con esos pequeños detalles y aun más cuando lo hacían sentir agradable, su amor por el café o tal vez toda la correspondencia que había recibido de ella y que había entretenido sus tardes de una manera distinta, aun si fuese sido discutiendo sobre ejemplares de libros. Ella se marchó tarareando una canción, él alcanzó a capturar algunas palabras <<Picture yourself…>> Después de verla perderse por una puerta Robert desvió la mirada para mantener la discreción, marchó entre los estantes deseando tener muchos mas ojos para captar todos los libros que ahí habían.

Después de cruzar uno de los pasillos que tenia libros para niños, los reconoció por los grandes dibujos que componían sus portadas, vio El árbol rojo y Donde viven los monstruos. A veces sentía osadamente que había más arte en sus portadas que en muchos cuadros que vio en galerías de arte de la ciudad. Al terminar con esa meditación se dio cuenta que estaba en un pasillo sin salida, al caminar hasta el fondo sintió que ese era el lugar más recóndito del pueblo, y hasta en un momento pudo ser del mundo. Donde tres libros componían la sección de literatura rusa y uno de ellos equivocadamente era un libro de Bukowski. Una de sus manos descansó en la madera de la gran repisa de libros que se empezó a erosionar al contacto de sus dedos, su otra mano reposó en su bolsillo esperando a encontrarse rápidamente con sus sentenciados cigarrillos. Era una postura de ironía que combinaba perfectamente su intento de hallar otras pequeños detalles para conservar el recuerdo de visita a la librería de Belén.

-Hola de nuevo- era como si hubiese seguido el rastro que habían dejado sus miradas en los libros -Mira el café demorará pero aquí esta el ejemplar- ella extendió ambas manos, el peso del libro solo necesitaba una, pero la expresión fue muy amable más de lo que la formalidad del asunto lo requería.

Robert tomó el libro, era un libro muy viejo pero muy conservado. No tenia ni una de sus esquinas doblada. En la correspondencia ella había mencionado que había sido donado junto con muchos más, por un erudito de literatura que quiso pasar sus últimos años de vejez  con sus adorados libros en Belén, pero la vida le había jugado una mala pasada. La gente contaba el rumor que de tanto leer había gastado sus ojos.

-Gracias, lo llevaré inmediatamente donde el curador en la ciudad. -desaceleró el tono de su voz- Recibirá noticias mías en tres días- sonrió levemente, algo lo ponía triste de marcharse.

-Está bien espero por ti- Ella lo miro expectativa. Esa mirada y esas palabras lo llevaron a preguntarse sí aquella correspondencia había revuelto también su interior. Toda su mente y su estomago eran lo totalmente opuesto al mar tranquilo con que siempre se comparaba. Sabia que no tendría paz.

– Entonces, con su permiso me retiró, Paula. Ha sido un placer. Una bonita biblio…-

– Librería, de amor no solamente se puede vivir- corrigió ella sin quitar su mirada y su sonrisa. El sonrió con mayor magnitud, en sus mejillas se formaron dos ”hoyuelos” que hace mucho no había lucido.

Robert caminaba por el pasillo sin salida, algo nervioso, maldiciendo en su interior cada paso que daba. Pero al salir de este, un sonido placentero empezó a emerger, posteriormente la imagen que se filtraba por la ventana empañada. La claridad de la mañana se había perdido y una orquesta de agua tocaba en las calles, en los árboles, en los perros que desesperados corrían de un lado para otro. El humo que salia entre los almendros luchaba por ascender contra la corriente de agua discontinua. Era hermoso. La suerte si le había cambiado.

-Creo que Belén quiere que me quede esperando por ese café- En ese instante a ambos se le formaron ”hoyuelos” en las mejillas, pero ahora había un ligero tono rojo en ellas.

Un 23 de abril

Ella le confesó que había nacido un 23 de abril… él no creía en las coincidencias pero inmediatamente asoció que en esa misma fecha se celebraba el día del castellano. No pudo evitar una pausa y un cálida sonrisa que le provocaba pensar que la vida misma le había hecho a ella un guiño para convertirse en escritora. Se excusó un momento para buscar algo en su maleta, eso le daría tiempo para digerirlo todo. Mientras mezclaba torpemente sus papeles con los lapiceros; recordó las sensaciones tan inigualables al pasar solo toda una tarde en una biblioteca privada, con media libra de tabaco y el café siempre drenado de una maquina de expresos. En su mente emuló el sonido que produce un libro que no se ha abierto en mucho tiempo, sus hojas amarillas que le generan admiración y respeto… la marca en la esquina de las páginas que le llevaban a preguntarse cuantos ojos le habían recorrido al igual que él; el placer de conjugar tan creativamente las ideas, un proceso que siempre lo encontraba en la narrativa. Pensó por un momento en llamarle escritora, en leerla todas sus obras incluyendo sus mas jóvenes y hasta secretamente ser uno de sus fanáticos más.

Tomó aire el aire suficiente para suspirar no sin antes, con una caricia de la mano a sus labios, mimetizarla; como todo buen hombre no podía dejar al descubierto todo ese festejo que ella había producido en su interior. Se excusó nuevamente por la interrupción y dijo una frase de Cervantes que recordaba desde su tercera clase de literatura en el colegio. No era la más bonita pero si la mas adecuada para introducir el tema.

El delirio acabo cuando pocos minutos después… ella con mucho entusiasmo le había revelado que su escritor favorito era Paulo Coelho.

There’s a book in your head by ~melodiousmelody

La muerte no me sienta bien

”La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene” J. L Borges

No se si aquella situación tiene tanto suspenso como pienso que tiene, de antemano me disculpo si carece de este.

Hoy con poca sensatez escribiré sobre la muerte. Aquella que a pesar de estar latente en la cotidianidad de nuestras vidas se presenta efímera ante todos. Su magnitud hace presencia cuando nuestra mascota ya no despierta a jugar, en el rosario y llanto prolongado en el velorio de algún familiar o en los azotes informativos en las noticias de las siete.

A mi la muerte me saluda de formas un poco más ridículas  de manera muy lenta pero muy probable como cuando doy una deliciosa calada de humo o de una forma más súbita como la situación que me empuja a escribir nuevamente.

Tal escena empieza tomando un café que involuntariamente haz endulzado de más, una tarde llena de vagos pensamientos en un sitio ideal para vagar. Buscando con ansias algo en los libros que agite un poco la mente al igual que tú café. ¡Ah el café! algún día escribiré sobre él, algo más largo que las analogías en el que regularmente lo uso.

Tal vez fue mi hilarante obsesión por él que al querer tomar un poco no me fijé que nuestra muerte se sumergió en él. La muerte es dulce como la miel, no porque la desee sino porque había una abeja nadando en mi bebida. Bailó folclóricamente en mi boca, abusó de mi lengua, apuntó su aguijón al cielo de mi paladar. Pero su incursión terminó cuando una erupción llenó el aire y la mesa de color ébano. Allí quedo en la mesa tendida y derrotada. Nos contemplábamos mientras se desvanecía la lujuria de morir juntos, es una ironía que todo haya terminado con una copia de Adiós a las armas de Hemingway sobre su existencia pero no mas irónica que si otro hubiese sido el final.

Para no desentonar con el aspecto romántico al que están acostumbrados diré que debido a mi mortal alergia: Hoy la muerte me ha besado.

Minientrada

La historia universal de la infamia no termino con Borges

Creo que ya empezaba a superar el trauma postatraco de ese fin de semana, aun recordaba la violencia con que habían golpeado mi cabeza con el revolver, pero las esperanzas de que todo se diluyera pasando un largo tiempo encerrado en casa crecían mientras miraba el desgastado tapete de bienvenida que mi madre usualmente pisa tres veces antes de irse a trabajar.

Abro la puerta e inmediatamente la sonrisa busca a alguien a quien saludar, solo se escuchaban los gemidos de la soledad. -¿Un vaso con agua?- Me sugerí a mi mismo con algo de ridícula duda ante el calor tan característico de la Cali de las 14:30. Dejo la maleta en el lugar inapropiado que suelo dejarle sin detener el paso, está vez los gatos no me conducen hacia sus platos de comida exigiendo que los alimente. -Deben estar dormidos en alguna habitación-Continué mi conversación conmigo.

Al subir las escaleras de madera y al girar hacia el pasillo que da a la cocina, mis ojos repentinamente exaltados encuentran tirado a mi hermano en el pasillo, sin camisa, sin pantalones pero afortunadamente en ropa interior. Desesperado corrí a auxiliarlo mientras miles de pensamientos corrían por mi mente: ¡Juemadre nos atracaron!, ojala no sea grave; le volteo, ¡está vivo!, ¡se tapa la cara, seguro le han golpeado!… buscando alguna herida le pregunto: ¿viejo que tienes? él me responde solamente con un gemido de dolor.

Intento recordar algún procedimiento de primeros auxilios, el número de la ambulancia. Mi memoria es un fracaso.    -Todo sería diferente si hubiese estudiado medicina- Pienso. -Estoy muy mal- interrumpe oportunamente mi meditación. -¿Viejo que tienes?- insisto -Me duele- responde. Cuanto odio las respuestas incompletas. Pero después de ver que no tenia herida alguna y recordar haber visto todo en desorden pero en su sitio, descarto rotundamente el robo interno en casa, aun pienso en una golpiza, un atraco con burundanga.

Lo levanto con la delicadeza que un geógrafo levantaría un mapa recién ploteado mientras lo interrogo sin poder aun enterarme de la situación. Lo conduzco con torpeza hacia su habitación con la tranquilidad que provoca cada paso descoordinado que damos,  cada tambaleo que lo despierta, posteriormente con cada botella vacía que veo asomarse en el camino. La tranquilidad de no tener que llevarlo a una camilla en vez de su cama pero con el desconsuelo inmenso que al despertarlo es más cierto que… hoy cuidaré de un borracho.

El 23 no me gustará la SOPA

Bueno gente, como saben por múltiples noticias. Muchas páginas cerraran el día 23 de enero del año en que, mucha gente presupone, el mundo se va acabar. Este humilde y solitario espacio también hará los honores acompañando la gran actividad de los colosos blogs y páginas de Internet en protesta a la Ley SOPA y a los intentos de cortar la libertad que gozamos en internet.

Un abrazo a todos.

Ojos de perro azul

”Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.”
Julio Cortazar – Rayuela, 1963.
.

Recuerdo aquella vez en que una bonita casualidad llego la noche en que aquel Marzo se despedía. La coincidencia no estaba a favor de iniciar nuestra conversación, tal vez era algo más intuitivo lo que hizo que al final nos conociésemos. No esperábamos mucho, en estos áridos tiempos esa actitud ya es común entre la gente. Pero empezamos a compartir el día a día, las anécdotas de cada uno, lo que ocurría a diario… nuestras momentáneas felicidades, nuestras vagas y dulces reflexiones. Llegabas en tus dulces silencios escritos, en una llamada que despedía la noche y, sin lugar a dudas, en alguna canción que resonaba días enteros. Sin percatarnos comenzó a ser una necesidad estar juntos… Aun sin haberlo estado.

Me di cuenta que empezaste a entrar con pasos tenue cada vez más en mi… dejando  plenitud y felicidad con cada  saludo, con cada desvelo mutuo a los que conducían nuestras largas y entretenidas conversaciones.

Una cita en un café donde el jazz no deja de sonar, un viernes con una lluvia tenue, el inicio de la noche. Fueron los componentes que escogimos para nuestro día. Decidiste esperarme en la barra, pediste un cafecito para soportar la espera que fue prolongada un poco por el tráfico de invierno. Llegue agitado, mojado y con una sonrisa que había reemplazado morderme los labios unos pasos antes de la entrada. Te salude con un beso en la mejilla, había planeado un largo y fuerte abrazo pero los nervios me hicieron improvisar. Pedí disculpas por llegar tarde.

Nos movimos a otro lugar, esa combinación de scat, café cargado y la presencia de una chica que se derretía con cada palabra en francés que el foráneo de la mesa número siete pronunciaba, no era muy cómoda. Preferimos la calle, refugiarnos de la lluvia en algún tejado sobresaliente que nos hacia acercarnos mas… entramos a un bar seducidos por el nombre de un libro de Gabriel García Márquez que ninguno de los dos había leído.

Yo fumaba torpemente con la mano izquierda, a pesar de eso disimulaba bien los nervios y las ansias de ti, todo transcurría con naturalidad a nuestras anteriores conversaciones.  Entre palabras y miradas nos explorábamos como si materializáramos nuestra historia en la deseada piel, en el movimiento de los labios, en tu bonito tatuaje, en el olor de  una recordada fragancia francesa.

Mientras alternábamos sonrisas y el mismo cigarrillo. Una canción anunciaría una inolvidable y deliciosamente larga escena, con la característica de la sonata nos dimos un beso… aun suspiro de recordar ese beso, a tal punto que su memoria me hace tocarme los labios. Fue largo, progresivo, intenso y tan calable en la memoria. Nunca creí recordar una historia con los labios,  nuestra historia completa está escrita en ellos. En ese instante dejamos de ser anónimos y le dimos otro tono a una canción de cuatro acordes que nunca dejara de sonar.

Luna

Ella iluminaba como los pasos se nos hacían más lentos. No se si fue por la atracción o la necesidad de no alejarse más, creamos una ironía en el rumbo para ir a ningún lugar, ya que los pasos se convirtieron en giros y los giros en un baile sin igual.

Un paso yo y un paso tú

– Pienso que nuestra situación puede entenderse si le vemos como un juego, un juego de escondidas.

– ¿Quien esta ganando? dime…

– Lo sabremos cuando alguno de nosotros empiece a buscar.

Hide and seek

Picture by: @jillianmcgrath

¿y sí te detienes?

En una tarde tan amarilla que ni el mismo sol se percibía… caminaban suprimiendo el cauce de edificios, absorbiendo el viento que conducía el sonido conmovedor del juego de una docena de niños. No exclamaban oración alguna, no se arriesgarían a que una palabra desviará el esplendido momento que creaban con cada paso.

El camino se torno tan amarillo mientras lo dibujaban en su recuerdo, cuando se dieron cuenta de todo lo que habían recorrido, sus labios se abrieron de nuevo para decirse… adiós.

Golden sky

Tesis

Se volteó una vez más, retorciendose un poco en la cama suave que le ha tocado está noche. Miró el reloj de mano que estaba exiliado en el bolsillo izquierdo de sus Jeans, 2:31 am, será otra noche más entregada al insomnio. La sed le obliga a sacar un vaso agua, intentando darle un poco de razón a su desvelo y tal vez disponerse a atar pensamientos sueltos.-Sí dios estuviera aqui, todo sería más fácil- piensa mientras despoja de un vaso de un poco del liquido que contiene.

Aparta el vaso de sus labios, -intentaré domir, mañana es otro día en el que aspiro a que otros dos reglones de mentiras sean agregados a mi tesis- se dice a si mismo. Cuando regresa de nuevo, ya no ahi espacio en la cama, ya es un territorio colonizado por una ajena y mala postura al dormir.

-Mejor me voy al sofa…-

Un viaje más

Ya ha pasado bastante tiempo desde la ultima vez que escribí en ti, que creo mis manos y mi mente ya han dejado de ser diestras en este oficio, si acaso alguna vez lo fueron. Me siento como un portador de arrugas y a ti mi pequeña te siento como la delicada y eterna piel que aun se conserva para mi.  ¿Que ha pasado conmigo? es una pregunta honesta después de todo…Temiendo que no sean las más bellas palabras hacia ti, mejor intento desplegar mi atención a otros motivos; el viaje, mi viaje… que despierta alegría en la mayoría de atentos. Solo unos pocos días aguardan por mi partida, será un viaje cuyo destino será todo el camino ya que no abra un solo punto que no dejará de asombrarme y enamorarme… no se cual pueda ser mi sino en esta travesía que aun me parece como una fabula ajena. Pero si mi cuerpo llegase en condiciones normales (no tan buenas) a mi tierra… estaré seguro que llegaré más barbado, con mis ojos gastados y miles de lagrimas guardadas en mi camisa, estaré seguro de que besaré el café caliente y la humeda tierra… de que acariciaré mis pies y el vientre de mi madre.

Espero que detrás de todas esas cordilleras, desiertos, mares, nevados, sierras y llanuras… atrás de todo eso están ustedes mis amigos… mi hogar.